Por José Ramón Fortuño Candelas

La lectura, además de sus obvias funciones de informarnos, ampliar nuestros conocimientos y entretenernos, tiene un efecto sobre nuestro cerebro del que no todo el mundo está consciente. La lectura va transformando constantemente nuestro cerebro, y eso tiene una importancia vital para cada uno de nosotros.

Cuando leemos, estamos pensando cosas nuevas, haciendo imágenes, encontrando conexiones, etc. Y lo que estamos haciendo en nuestro cerebro es generando nuevas sinapsis, nuevos puntos de contacto entre nuestras neuronas. 

Recordemos que, en nuestro cerebro, se estima que tenemos unas 86 mil millones de neuronas. Cada neurona se comunica, al menos, con otras mil neuronas y puede recibir, simultáneamente, hasta diez veces más conexiones de otras. Se estima, por tanto, que en el cerebro humano adulto hay por lo menos 1014 conexiones sinápticas (aproximadamente, entre 100 y 500 billones).

Ahora bien, esas cantidades no son estáticas. Tenemos más neuronas en la niñez y disminuyen y se estabilizan cuando somos adultos. Por otro lado, las sinapsis dependen, en gran parte, de la actividad que tenga nuestro cerebro. En otras palabras, un cerebro poco activo, sin nuevas experiencias, pensamientos, imágenes, etc. no va a ser igual que un cerebro activo.

La lectura es una de las actividades que más aporta a nuestro pensamiento, nuestra imaginación, razonamiento y memoria. Lo que quiere decir que promueve, como pocas otras actividades, la renovación y crecimiento de nuestras redes neuronales.

Todo eso, además de beneficiarnos durante toda la vida, tiene una especial importancia según nos vamos poniendo viejos. Y ello es así porque a través del aprendizaje continuo fortalecemos nuestra “reserva cognitiva”. Este es nuestro capital mental, que mientras mayor sea, más nos permite compensar los efectos en la eficiencia de nuestras capacidades cognitivas que puedan tener tanto el envejecimiento normal como las alteraciones cerebrales causadas por demencias como el Alzheimer.

Por todo esto es necesario y conveniente mejorar nuestra habilidad lectora, tanto en la juventud como en cualquier etapa de la vida. Una lectura fluida, con comprensión mejorada, hará que leer libros sea, para cada uno de nosotros, una actividad más placentera y deseable. Y, de esa manera, leeremos más y con mejor aprovechamiento.

Si la lectura te parece aburrida, lenta y con poca retención, considera tomar medidas para mejorarla y aumentar la cantidad de libros que lees. Es por el bien de tu cerebro y por tu salud, para toda la vida.

Considera tomar medidas para optimizar tu lectura

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